El
taxista conduce rápido, tal vez contagiado por tu prisa. En pocos
minutos ves el coche negro a apenas quince metros. Quieres gritarle
que pare, que no te abandone, que permanezca a tu lado. En ese
momento, con los ojos inundados, se agolpan en tu cabeza cientos,
miles de imágenes, de momentos. Recuerdas cuando le conociste...
<<Eras
un chiquillo confundido que a sus quince años, dudaba de su
sexualidad. Te preocupaba. Eras el único. Eras...¿diferente? No
sabias como encajarlo, o si deberías ocultarlo.
Ese
día, aquel espléndido día de junio en el que os daban las
vacaciones, fue el que escogiste para decirlo: “Soy gay. Me gustan
los chicos.” Tus amigos no se sorprendieron, es más, puede que ya
lo supiesen.
Ese
mismo día, por la tarde, te presentaron a un chico. Era un chico de
los que llaman la atención. Alto, musculoso, de tez bronceada,
moreno y con un atuendo deportivo. En cuanto le viste, sin saber por
qué, te acordaste de Zorrilla y su conocido personaje, Don Juan.
Damián. Hasta su nombre era llamativo, poco usual, especial. Todo él
era único. Si existe el amor a primera vista, tú lo sufriste. Ahora
que estás padeciendo sus efectos puedes decir que es el peor de los
males. No obstante, en esos momentos no eras consciente de ello...
Él. Era lo único que ocupaba tu mente.
Parecía
que tú también le atraías. Os disteis los números de teléfono y
empezasteis a quedar. Todo era mágico. Piensas que él te enseño a
sentir. Al mes de conoceros estabais saliendo y a los cuatro meses
intimasteis...>>
Ahora
sí, las lágrimas se deslizan vencen todos tus escudos y se deslizan
violentamente por tu rostro. No lo entiendes...¿Cómo te puede hacer
esto? Todo era... perfecto.
De
pronto, el coche negro se detiene. Tú lanzas algo de dinero sobre el
asiento del copiloto. Esperas que sea suficiente. Sales del coche
precipitadamente y le ves. Perfecto como siempre. Empapado como
nunca. Ya no sientes el frío no la humedad y solo deseas que se
pare, te sonría y diga: “Era una broma.”
Está
entrando en una casa. Tú le ves, le voceas:
-¡Espera!¡No
te vallas! Podemos... empezar de cero,podemos intentarlo otra vez.
Se
queda inmóvil, tanto que parece haber quedado petrificado.
-¿Intentarlo?
¿Para qué? ¿Para que me vuelvas a mentir? No.-está furioso,
dolido y algo angustiado.
-Lo...
lo siento... ¡Pero no te mentí!
-No,
claro que no... Solo me ocultaste tu enfermedad. ¡A mí! A la
persona que, según decías, era tu razón para vivir.-te recrimina.
-¿Y
qué querías que te dijese?¿Que en unos meses me quedaré
calvo?¿Que esta mierda puede matarme?-rompes a llorar.
Se
quedan mudos los dos. Ninguno sabe que decir y simplemente os miráis.
Hay destellos de reproche en su mirada, esa mirada de miel, profunda
y sincera. Tú quieres salvar los pocos metros que os separan y
abrazarle, y decirle cuanto le necesitas, y que él haga lo mismo.
-Lo
siento, pero me tengo que ir. Voy a perder el autobús.-te dice,
intentando ahora, esquivar tu mirada.
No
contestas. Otra vez notas como tus lágrimas descienden, tranquilas,
por tus mejillas.. sigue lloviendo. Hace frío. Un frío típico de
noviembre.
Tú
ya no sientes nada. Ni el frío ni la humedad. Solo notas un
desgarrado dolor que te atraviesa el pecho y se aloja en lo más
profundo de tu corazón.
Él
ya se ha ido. Tú estás quieto, como anclado al suelo. No
reaccionas. No lo asumes. Se ha ido. Todas esas promesas soñadoras,
todos esos besos prohibidos, todas esas miradas verdaderas... Todos
esos momentos a su lado se han roto. Se han esfumado. Nunca volverán.
Y ha sido por culpa de esa estúpida enfermedad: el cáncer.
Notas
como tu corazón se rompe en mil pedazos y solo puedes pensar en
aquel verso de la obra de Zorrilla:
“Yo
mi alma he dado por ti.”
Bip,
bip. Abres los ojos. ¡Vaya...! ¡Ha sido solo un sueño! Notas el
rastro de unas lágrimas pasajeras, derramadas por la angustia. Miras
el móvil. Es un mensaje de Damián. Te pregunta que tal la prueba.
No le contestas. Necesitas pensar. ¿Y si ese sueño te avisaba de
algo? Te acuerdas de una conversación que tuviste con él días
antes de someterte a la prueba.
<<-¿Y
qué piensas hacer si da positivo?-te preguntó, con el ceño
fruncido por la preocupación. Ese ceño se había convertido en un
rasgo habitual en su rostro.
-No
lo sé.-le contestaste sincero, claro y sereno. Tenías miedo, pero
no querías admitirlo. No querías que se preocuparse por ti.- Si da
positivo, que no creo, seguiré con mi vida como lo he hecho hasta
ahora.
Él
te abrazó, era uno de esos abrazos protectores suyos. Es de esos que
te hacen sentir bien, que te hacen pensar que nada te va a dañar. Tu
le abrazaste también. Te hundiste en su pecho y respiraste su olor.
Ese día había usado la colonia que le regalaste. Levantaste la
mirada y lo viste. Esos ojos que te bloquean siempre que lo miran y
ellos te miran así, de esa forma tan protectora y enamorada. Os
mirasteis. Os acercasteis poco a poco, casi a cámara lenta.
Juntasteis vuestros labios y os fundisteis en un beso dulce, juguetón
y hermoso. >>
Coges
el móvil y, tras un rápido tecleo, envías el mensaje. Le has
mandado un escueto: “Tenemos que hablar.” Al momento te vuelve a
sonar el teléfono. Es él otra vez. “Vale... ¿Es grave? A la hora
de siempre donde siempre.
No
tienes ni idea de lo que le vas a decir. El día de la prueba te
dijeron que no era normal la reacción que habías tenido pero...
esperas que sea por otra cosa, cualquier otra enfermedad antes que
esa. Miras el reloj y decides ir preparándote.
Te
encuentras en el sitio de siempre a la hora de siempre. Vuestro
sitio.
Vuestra
hora. Te estas distrayendo mirando el sencillo mecer de las hojas de
los árboles cuando le ves acercarse. Te da un beso fugaz y se sienta
a tu lado.
Tu
respiras hondo, te armas de fuerza y valor y le cuentas le que te
dijeron hace ya dos meses en en hospital, cuando te estuviste
haciendo la prueba.
Él
te escucha, sin decir nada. De vez en cuando asiente o sonríe y al
final, cuando le miras, ves que estás intentando aguantar las
lágrimas. Le abrazas y le dices:
-Saldremos
juntos de ésto. ¿O te piensas que un simple cáncer va a poder
conmigo?
Damián
sonríe y te besa en la mejilla.
-Juntos
para siempre.-dice enjugando su llanto.
-Juntos
para siempre.-repites tú, como si se lo estuvieses prometiendo.
Sonríes
mientras piensas que lo que has soñado jamás se cumplirá...¿O sí?

Siempre me ha gustado esta historia, deberías haberla presentado a algún concurso de literatura en serio :).
ResponderEliminarGracias :D yo pienso que el concurso del insti es serio y siempre se podrá escribir otra historia para otro concurso ^^
EliminarJejeje ya sé que es serioo jaja, pero me refiero a un concurso a nivel regional o algo, tienes posibilidades de ganar jeje. Sii de hecho este año tienes competencia jaja. Este año me presento yo muahaha esto es la guerra :P (es broma).
ResponderEliminar